martes, 30 de marzo de 2010

Atada a mi felicidad.







Aun que pareciera que cortaste mis alas,
aun que pareciera que también con ellas mi juventud
es tu sonrisa la que me levanta cada mañana,
y no te odio por someterme a tu esclavitud.

Te alimentas de mi ser cada día,
y a ratos me haces llorar,
más tus ojos me iluminan la vida,
y tus manos me dan bienestar.

Eres mi mejor compañero, mi
responsabilidad constante,
y aun que aveces me sofocas
eres todo lo que quiero.

Noches sin dormir,
sólo por que lo deceas,
de arrullos y paseos son
el día entero.

A pesar de todo eso,
y aun más de lo que escribo,
yo por ti vivo,
eres mi mundo entero.

viernes, 26 de marzo de 2010

Cuando nos separamos...



Cuando nos separamos...

Cuando nos separamos
en silencio y con lágrimas,
con el corazón medio roto,
para apartarnos por años,
tu mejilla se tornó pálida y fría
y tu beso aún más frío...
Aquella hora predijo
en verdad todo este dolor.
El rocío de la mañana
resbaló frío por mi frente
y fue como un anuncio
de lo que ahora siento.

Tus juramentos se han roto
y tu fama ya es muy frágil;
cuando escucho tu nombre
comparto su vergüenza.
Cuando te nombran delante de mí,
un toque lúgubre llega a mi oído
y un estremecimiento me sacude.
¿Por qué te quise tanto?
Aquellos que te conocen bien
no saben que te conocí:
Por mucho, mucho tiempo
habré de arrepentirme de ti
tan hondamente,
que no puedo expresarlo.

En secreto nos encontramos,
y en silencio me lamento
de que tu corazón pueda olvidar
y tu espíritu engañarme.
Si llegara a encontrarte
tras largos años,
¿cómo habría de saludarte?
¡Con silencio y con lágrimas!