... Los tragos y la agradable conversación (pero sobre todo los tragos)
dela noche anterior, lo incitaron a visitar al señor Rojas.
-Buenas noches, vengo a visitar al señor rojas.
-Disculpe pero el caballero ya no vive aquí desde hace mucho tiempo.
Mejor dicho, el señor Rojas ya no vive.
El autor, encolerizado cerró la libreta negra en donde escribía y la lanzó lejos.
-¡No es posible que otra vez me haya salido otro cuento ridículo de la muerte!
¿es que no podre escribir otra cosa?
Nunca había tenido tanta rabia, ya no daba más. En un ataque de histeria tomó
un cuchillo y se lo enterró tantas veces que ya no pudo volvérselo a enterrar.
Encolerizado, cerré la libreta donde escribía y la lancé lejos.
- ¡No es posible que otra vez me haya salido un cuento ridículo de la muerte!
¿Es que no podré escribir otra cosa?.
Del peda.
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