Se miró al espejo y estaba gris,
pelliscó se carne y era gris,
se miró las manos y estaban gris,
sacó la lengua y seguía por todas
partes siendo gris,
se dio cuenta de pronto que
en medio de la frente
dos verticales lineas
dibujaban una amargura
inconfundible en su rostro,
tenía las mejillas pálidas y endurecidas,
la sonrisa, que alguna vez existió,
retraída y angustiada
los labios mordiqueados,
y el escaso brillo que albergaban sus ojos,
era opacado por la tristeza,
ellos parecían llorar todo el tiempo
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)





No hay comentarios:
Publicar un comentario