Maldita sea la hora en que te conocí, malditos sean los restos del amor que te tuve. son cadáveres de los besos, los que algún día nos dimos, quienes me atormentan desde lo mas profundo de mi ser. Tus recuerdos me gritan al oído y me siguen entre las sombras acechándome y mordiendo mis pasos, son hienas hambrientas que quieren comer mi carne y dolor. Mis ojos sangrantes miran encolerizados y a lo lejos tu pútrida silueta, cuerpo de demonio y mente de animal, que producen en mi no más que ira y desprecio.¡¡Hay agonía!! Has pronto tu trabajo, llévame hasta lo más profundo de la tierra, donde los gusanos se regocijen en mis entrañas y hagan festín de ellas, donde los recuerdos sean camuflados por el dolor de la descomposición de la vida. Las ratas roan mis pies y manos; pies con los que alguna vez caminé hacia ti mientras me prometías la felicidad, y manos con las que te acaricié enamorada.
Corro, pero unos monstruos me persiguen, ¡¡son los monstruos de tu recuerdo!! que quieren alcanzarme, a veces los pierdo, pero luego me alcanzan nuevamente. Corro , me tropiezo y caigo, pero me vuelvo a levantar de tus trampas, entonces te alejo y vuelvo a correr, a huir de ti.. Siempre estas ahí para emboscarme y rápidamente matarme una y otra vez, esperas la noche para atacarme, cuando más débil estoy, por que sabes que le temo a tus hienas y a tus monstruos, que poseen grandes garras y dientes afilados, esas hienas que me desean como carroña. ¿Que tan maquiavélico puedes ser, que tan perverso puedes ser, que tan desquiciado, que tan inicuo, que tan maligno, cuanto más pérfido siniestro y cruel te falta por demostrar que eres conmigo. Ya me quitaste todo, ahora no trates de impedir que la muerte me salve de ti.





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