He reído muchas veces, y otras tantas he llorado, pero más me alucina la emoción recordar aquél día en que nos conocimos.
Sujetamos nuestras miradas como atardeceres al sol caído, y sus cabellos flameaban como finas espigas del prado.
Mas mi humor acaecido le miraba con asombro, y mi parpadear amistoso se veía atormentado.
¡Hay de mi juventud sin haberlo conocido, hay de mi vida sin haberlo amado!
Sería un mundo vacío, gris y oscuro, sería recóndito mundo, triste y desolado.
Como lo fue una vez cuando no estaba conmigo.
Él siempre fue mío, y yo siempre suya. A pesar de las distintas direcciones, el camino nos ha juntado… ¡Olvidemos el pasado! para que no nos destruya…
Amado, hombre amado, ¿Por qué me porfías que lo nuestro ha comenzado?...
Lo nuestro siempre ha sido… siempre he estado a tu lado. Dios nos dio fuerzas para continuar la eternidad abrazados. “Ni la vida ni la muerte logrará separarnos”. A menos que sea, deseo nuestro y esperado.





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